habia prometido el Agustin Bermudez por firmas y cartas; y tambien envió Cortés al Bermudez y á un clérigo que se decia Juan de Leon, y al clérigo Guevara, que fué el que primero envió Narvaez, y otros sus amigos, muchos tejuelos y joyas de oro, y les escribió lo que le pareció que le convenia, para que en todo le ayudasen; y estuvo el Andrés de Duero en nuestro real el dia que llegó hasta otro dia despues de comer, que era dia de pascua de Espíritu Santo, y comió con Cortés y estuvo hablando con él en secreto buen rato; y cuando hubieron comido se despidió el Duero de todos nosotros, así capitanes como soldados, y luego fué á caballo otra vez adonde Cortés estaba, y dijo:
—«¿Qué manda vuestra merced? Que me quiero ir.»
Y respondióle:
—«Que vaya con Dios, y mire, señor Andrés de Duero, que haya buen concierto de lo que tenemos platicado; si no, en mi conciencia (que así juraba Cortés), que ántes de tres dias con todos mis compañeros seré allá en vuestro real, y al primero que le eche lanza será á vuestra merced si otra cosa siento al contrario de lo que tenemos hablado.»
Y el Duero se rió, y dijo:
—«No faltaré en cosa que sea contrario de servir á vuestra merced.»
Y luego se fué, y llegado á su real, diz que dijo al Narvaez que Cortés y todos los que estábamos con él sentia estar de buena voluntad para pasarnos con el mismo Narvaez.
Dejemos de hablar deso del Duero, y diré cómo Cortés luego mandó llamar á un nuestro capitan que se dice Juan Velazquez de Leon, persona de mucha cuenta y amigo de Cortés, y era pariente muy cercano del gobernador de Cuba Diego Velazquez; y á lo que siempre tuvimos creido, tambien le tenia Cortés convocado y atraido á sí con grandes dádivas y