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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXII.

Ya hecho todo esto, como yo era gran amigo y servidor del capitan Sandoval, me dijo aquella noche que me pedia por merced que cuando hubiésemos tomado el artillería, si quedaba con la vida, siempre me hablase con él y le siguiese; é yo le prometí, é así lo hice, como adelante verán.

Digamos ahora en qué se entendió un rato de la noche, sino en aderezar y pensar en lo que teniamos por delante, pues para cenar no teniamos cosa ninguna; y luego fueron nuestros corredores del campo, y se puso espías y velas á mí y á otros dos soldados, y no tardó mucho, cuando viene un corredor del campo á me preguntar que si he sentido algo, é yo dije que no; y luego vino un cuadrillero, y dijo que el Galleguillo que habia venido del real de Narvaez no parecia, y que era espía echada del Narvaez; é que mandaba Cortés que luego marchásemos camino de Cempoal, é oimos tocar nuestro pífaro y atambor, y los capitanes apercibiendo sus soldados, y comenzamos á marchar; y al Galleguillo hallaron debajo de unas mantas durmiendo; que, como llovió y el pobre no era acostumbrado á estar al agua ni frios, metióse allí á dormir.

Pues yendo nuestro paso tendido, sin tocar pífaro ni atambor, que luego mandó Cortés que no tocasen, y nuestros corredores del campo descubriendo la tierra, llegamos al rio, donde estaban las espías de Narvaez, que ya he dicho que se decian Gonzalo Carrasco é Hurtado, y estaban descuidados, que tuvimos tiempo de prender al Carrasco, y el otro fué dando voces al real de Narvaez y diciendo:

—«Al arma, al arma, que viene Cortés.»

Acuérdome que cuando pasábamos aquel rio, como llovia, venia un poco hondo, y las piedras resbalaban algo, y como llevábamos á cuestas las picas y armas, nos hacia mucho estorbo; y tambien me acuerdo cuando se prendió á Carrasco decia á Cortés á grandes voces:

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