tlascaltecas, y lo que hurtaron los amigos y otros soldados que cargaron dello; y como lo demás se quedaba perdido en poder de los mejicanos, Cortés dijo delante de un escribano del Rey que cualquiera que quisiese sacar oro de lo que allí quedaba, que se lo llevase mucho en buena hora por suyo, como se habia de perder; y muchos soldados de los de Narvaez cargaron dello, y asimismo algunos de los nuestros, y por sacallo perdieron muchos dellos las vidas, y los que escaparon con la presa que traian, habian estado en gran riesgo de morir y salieron llenos de heridas.
Y como en nuestro real y villa de Segura de la Frontera, que así se llamaba, alcanzó Cortés á saber que habia muchas barras de oro, y que andaban en el juego, y como dice el refran que el oro y amores son malos de encubrir, mandó dar un pregon, so graves penas, que traigan á manifestar el oro que sacaron, y que les dará la tercia parte dello, y si no lo traen, que se lo tomará todo; y muchos soldados de los que lo tenian no lo quisieron dar, y alguno se lo tomó Cortés como prestado, y más por fuerza que por grado; y como todos los más capitanes tenian oro, y aun los oficiales del Rey muy mejor, que hicieron sacos dello, se calló lo del pregon, que no se habló en ello; mas pareció muy mal esto que mandó Cortés.
Dejémoslo ya de más declarar, y digamos cómo todos los demás capitanes y personas principales de los que pasaron con Narvaez demandaron licencia á Cortés para se volver á Cuba, y Cortés se la dió, y lo que más acaeció.