los de Zapotitlan, sino de otros pueblos comarcanos, que por muchos dellos que herian, no los podian apartar, y por tres veces tuvieron rencuentros, y quiso nuestro Señor Dios que los venció y le vinieron de paz; y dende Zapotitlan iba camino de un recio pueblo que se dice Quetzaltenango, y ántes de llegar á él tuvo otros rencuentros con los naturales de aquel pueblo y con otros sus vecinos, que se dice Utatlan, que era cabecera de ciertos pueblos que están en su contorno á la redonda del Quetzaltenango, y en ellos le hirieron ciertos soldados, puesto que el Pedro de Albarado y su gente mataron é hirieron muchos indios.
Y luego estaba una mala subida de un puerto que dura legua y media, y con ballesteros y escopeteros y todos sus soldados puestos en gran concierto, lo comenzó á subir, y en la cumbre del puerto hallaron una india gorda que era hechicera, y un perro de los que ellos crian, que son buenos para comer, que no saben ladrar, sacrificados, que es señal de guerra; y más adelante halló tanta multitud de guerreros que le estaban esperando, y le comenzaron á cercar; y como eran los pasos malos y en sierra muy agra, los de á caballo no podian correr ni revolver ni aprovecharse dellos; mas los ballesteros y escopeteros y soldados de espada y rodela tuvieron reciamente con ellos pié con pié, y fueron peleando las cuestas y puerto abajo, hasta llegar á unas barrancas, donde tuvo otra muy reñida escaramuza con otros muchos escuadrones de guerreros que allí en aquellas barrancas esperaban, y era con un ardid que entre ellos tenian acordado, y fué desta manera: que, como fuese el Pedro de Albarado peleando, hacian que te iban retrayendo, y como les fuese siguiendo hasta donde le estaban esperando sobre seis mil indios guerreros, y estos eran de los de Utatlan y de otros pueblos sus sujetos, que allí los pensaban matar; y Pedro de Albarado y todos sus soldados pelearon con ellos con grande ánimo, y los indios le hirieron tres soldados y dos caballos, mas todavía les venció y puso en huida; y no fueron muy léjos, que luego se tornaron á juntar y rehacer con otros escuadrones, y tornaron á pelear como valientes guerreros, creyendo desbaratar al Pedro de Albarado y á su gente; é fué cabe una fuente, adonde le aguardaron de