le achacasen algo á Cortés, y no lo podia excusar, consintió que le diesen tormento á Guatemuz, como al señor de Tacuba; y lo que confesaron fué, que cuatro dias ántes que le prendiesen lo echaron en la laguna, ansí el oro como los tiros y escopetas y ballestas, y otras muchas cosas de guerra que de nosotros tenian de cuando nos echaron de Méjico y cuando desbarataron agora á la postre á Cortés; y fueron adonde Guatemuz habia señalado, y entraron buenos nadadores y no hallaron cosa ninguna; y lo que yo vi, que fuimos con el Guatemuz á las casas donde solia vivir, y estaba una como alberca grande de agua honda, y de aquella alberca sacamos un sol de oro como el que nos hubo dado el gran Montezuma, y muchas joyas y piezas de poco valor, que eran del mismo Guatemuz; y el señor de Tacuba dijo que él tenia en unas casas suyas grandes, que estaban de Tacuba obra de cuatro leguas, ciertas cosas de oro, é que le llevasen allá é que diria dónde estaba soterrado y lo daria; y fué Pedro de Albarado y seis soldados con él, é yo fuí en su compañía; y cuando llegamos dijo que por morirse en el camino habia dicho aquello, é que lo matasen, que no tenia oro ni joyas ningunas; y ansí nos volvimos sin ello, y ansí se quedó, que no hubimos más oro que fundir; verdad es que la recámara del Montezuma, que despues poseyó el Guatemuz, no se habia llegado á muchas joyas y piezas de oro, que todo ello tomó para que con ello sirviésemos á su majestad; y porque habia muchas joyas de diversas hechuras y primas labores, y si me parase á escribir cada cosa y hechura dello por sí, seria y es gran prolijidad, lo dejaré de decir en esta relacion; mas dijeron allí muchas personas, é yo digo de verdad, que valía dos veces más que la que habia sacado para repartir el real quinto de su majestad; todo lo cual enviamos al Emperador nuestro señor con Alonso de Ávila, que en aquel tiempo vino de la isla de Santo Domingo, y con Antonio de Quiñones; lo cual diré adelante cómo y dónde, en qué manera y cuándo fueron.
Y dejemos de hablar dello y volvamos á decir que en la laguna, donde decia Guatemuz que habia echado el oro, entré yo y otros soldados á zabullidas, y siempre sacábamos pecezuelos de poco precio, lo cual luego