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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXVI.

nos encomendar á Dios, salimos de nuestros aposentos con nuestras torres, que me parece á mí que en otras partes donde me he hallado en guerras en cosas que han sido menester, las llaman buros y mantas; y con los tiros y escopetas y ballestas delante, y los de á caballo haciendo algunas arremetidas; é como he dicho, aunque les matábamos muchos dellos, no aprovechaba cosa para les hacer volver las espaldas, sino que si siempre muy bravamente habian peleado los doce dias pasados, muy más fuertes con mayores fuerzas y escuadrones estaban este dia; y todavía determinamos que, aunque á todos costase la vida, de ir con nuestras torres é ingenios hasta el gran cu del Huichilóbos.

No digo por extenso los grandes combates que en una casa fuerte nos dieron, ni diré cómo á los caballos los herian ni nos aprovechábamos dellos; porque, aunque arremetian á los escuadrones para rompellos, tirábanles tanta flecha y vara y piedra, que no se podian valer, por bien armados que estaban; y si los iban alcanzando, luego se dejaban caer los mejicanos á su salvo en las acequias y laguna, donde tenian hechos otros reparos para los de á caballo; y estaban otros muchos indios con lanzas muy largas para acabar de matarlos; así que no aprovechaba cosa ninguna dellos.

Pues apartarnos á quemar ni á deshacer ninguna casa, era por demás; porque, como he dicho, están todas en el agua, y de casa á casa una puente levadiza; pasalla á nado era cosa muy peligrosa, porque desde las azuteas tiraban tanta piedra y cantos, que era cosa perdida ponernos en ello.

Y demás desto, en algunas casas que les poniamos fuego tardaba una casa á se quemar todo un dia entero, y no se podia pegar fuego de una casa á otra, lo uno por estar apartadas la una de otra, el agua en medio, y lo otro por ser de azuteas; así que eran por demás nuestros trabajos en aventurar nuestras personas en aquello.

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