fió mucho, al cual dicen que le dió primero buenos tejuelos de oro; y á este mandó que no dejase ir de aquel puerto ningun navío á parte ninguna, y mandó á todos los maestres y pilotos y marineros que todos le obedeciesen, y que si de Cuba enviase Diego Velazquez más navíos (porque tuvo aviso Cortés que estaban dos navíos para venir), que tuviese modo que á los capitanes que en él viniesen les echase presos, y les sacase el timon é velas y agujas, hasta que otra cosa en ello Cortés mandase. Lo cual así lo hizo Pedro Caballero, como adelante diré.
Y dejemos ya los navíos y el puerto seguro y digamos lo que se concertó en nuestro real é los de Narvaez, y es que luego se dió órden que fuesen á conquistar y poblar á Juan Velazquez de Leon á lo de Pánuco, y para ello Cortés le señaló ciento y veinte soldados, los ciento habian de ser de los de Narvaez, y los veinte de los nuestros entremetidos, porque tenian más experiencia en la guerra: y tambien habia de llevar dos navíos para que desde el rio de Pánuco fuesen á descubrir la costa adelante; y tambien á Diego de Ordás dió otra capitanía de otros ciento y veinte soldados para ir á poblar á lo de Guacacualco, y los ciento habian de ser de los de Narvaez y los veinte de los nuestros, segun y de la manera que á Juan Velazquez de Leon; y habia de llevar otros dos navíos para desde el rio de Guacacualco enviar á la isla de Jamáica por ganados de yeguas y becerros, puercos y ovejas, y gallinas de Castilla y cabras, para multiplicar la tierra, porque la provincia de Guacacualco era buena para ello.
Pues para ir aquellos capitanes con sus soldados y llevar todas sus armas, Cortés se las mandó dar y soltar todos los prisioneros capitanes de Narvaez, y el Salvatierra, que decia que estaba malo del estómago.
Pues para dalles todas las armas, algunos de nuestros soldados les teniamos ya tomado caballos y espadas y otras cosas, y mandó Cortés que luego se las volviésemos, y sobre no dárselas hubo ciertas pláticas enojosas, y fueron, que dijimos los soldados que las teniamos muy claramente, que no se las queriamos dar, pues que en el real de Narvaez