otros pueblos comarcanos sobre nosotros, que todos enviaron mensajeros desde Méjico para que nos saliesen al encuentro en las puentes y calzadas, y desde los maizales nos hacian mucho daño, y mataron tres soldados que ya estaban heridos, acordamos lo más presto que pudiésemos salir de aquel pueblo y sus maizales, y con seis ó siete tlascaltecas que sabian ó atinaban el camino de Tlascala, sin ir por camino derecho nos guiaban con mucho concierto hasta que saliésemos á unas caserías que en un cerro estaban, y allí junto á un cu é adoratorio y como fortaleza, adonde reparamos; que quiero tornar á decir que, seguidos que íbamos de los mejicanos, y de las flechas y varas y piedras con sus hondas nos tiraban; y cómo nos cercaban, dando siempre en nosotros, es cosa de espantar; y como lo he dicho muchas veces, estoy harto de decirlo, los lectores no lo tengan por cosa de prolijidad, por causa que cada vez ó cada rato que nos apretaban y herian y daban recia guerra, por fuerza tengo de tornar á decir de los escuadrones
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CAPÍTULO CXXVIII.
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