como llegamos con nuestro ejército, nos tiran tanta piedra de lo alto é vara y flecha, que cubria el suelo; pues las lanzas muy largas con más de dos varas de cuchilla de pedernales, que ya he dicho otras veces que cortaban más que espadas, y unas rodelas hechas á manera de pavesinas, con que se cubren todo el cuerpo cuando pelean, y cuando no las han menester, las arrollan y doblan de manera que no les hacen estorbo ninguno, é con hondas mucha piedra, y tal priesa se daban á tirar flecha y piedra, que hirieron cinco de nuestros soldados é dos caballos, é con muchas voces é gran grita é silbos é alaridos, y atambores y caracoles, que era cosa de poner espanto á quien no los conociera; y como aquello vió Luis Marin, entendió que de los caballos no se podian aprovechar, que era sierra, mandó que se tornasen á bajar á lo llano, porque donde estábamos era gran cuesta y fortaleza, y aquello que les mandó fué porque temiamos que venian allí á dar en nosotros los guerreros de otros pueblos que se dicen Quiahuitlan, que estaba alzado, y porque hubiese resistencia en los de á caballo; y luego comenzamos de tirar en los de la fortaleza muchas saetas y escopetas, y no les podiamos hacer daño ninguno, con los grandes mamparos que tenian, y ellos á nosotros sí, que siempre herian muchos de los nuestros; y estuvimos aquel dia desta manera peleando, y no se les daba cosa ninguna por nosotros, y si les procurábamos de entrar donde tenian hechos unos mamparos y almenas, estaban sobre dos mil lanceros en los puestos para la defensa de los que les probamos á entrar; y ya que quisiéramos entrar é aventurar las personas en arrojarnos dentro de su fortaleza, habiamos de caer de tan alto, que nos habiamos de hacer pedazos, y no era cosa para ponernos en aquella ventura; y despues de bien acordado cómo y de qué manera habiamos de pelear, se concertó que trajésemos madera y tablas de un pueblezuelo que allí junto estaba despoblado, é hiciésemos burros ó mantas, que así se llaman, y en cada uno dellos cabian veinte personas, y con azadones y picos de hierro que traiamos, é con otros azadones de la tierra, de palo, que allí habia, les cavábamos y deshaciamos su fortaleza, y deshicimos un portillo para podelles entrar, porque de otra manera era
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CAPÍTULO CLXVI.
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