desbaratado, que prendiesen á los mejicanos y siguiesen el alcance; y luego comenzó á caminar hácia el pueblo, y salen al camino y encuentro dos escuadrones de guerreros junto á unas fuerzas y barrancas, y allí estuvieron fuertes un rato, y con las ballestas y escopetas les hacian mucho mal; por manera que tuvo Sandoval lugar de pasar aquella fuerza é albarradas con los caballos; y aunque le hirieron nueve caballos, y uno murió, y tambien le hirieron cuatro soldados, como se vió fuera de mal paso é tuvo lugar por donde corriesen los caballos, y aunque no era buena tierra ni llano, que habia muchas piedras, da tras los escuadrones, rompiendo por ellos, que los llevó hasta el mismo pueblo, adonde estaba un gran patio, y allí tenian otra fuerza y unos cues, adonde se tornaron á hacer fuertes; y puesto que peleaban muy bravosamente, todavía los venció, y mató hasta siete indios, porque estaban en malos pasos; y los tlascaltecas no habian menester mandalles que siguiesen el alcance, que con la ganancia, como eran guerreros, ellos tenian el cargo, especialmente como sus tierras no estaban léjos de aquel pueblo; allí se hubieron muchas mujeres y gente menuda, y estuvo allí el Gonzalo de Sandoval dos dias, y envió á llamar los caciques de aquel pueblo con unos principales de Tepeaca que iban en su compañía, y vinieron, y demandaron perdon de la muerte de los españoles, y Sandoval les dijo que si daban las ropas y hacienda que robaron de los que mataron, que se les perdonaria, y respondieron que todo lo habian quemado y que no tenian ninguna cosa, y que los que mataron, que los más dellos habian ya comido, y que cinco teules enviaron vivos á Guatemuz, su señor, y que ya habian pagado la pena con los que agora les habian muerto en el campo y en el pueblo; que les perdonase, é que llevarian muy bien de comer y bastecerian la villa donde estaba Malinche.
Y como el Gonzalo de Sandoval vió que no se podia hacer más, les perdonó, y allí se ofrecieron de servir bien en lo que les mandasen; y con este recaudo se fué á la villa, y fué bien recebido de Cortés y de todos los del real.