albarradas; é que desde allí adelante les mandaba que no maten á ningunos mejicanos, porque les quiere tomar de paz.
Y despues que les hubo dicho este razonamiento, abrazó á Chichimecatecle y á los dos mancebos Xicotengas y á este Suchel hermano de D. Hernando, y les prometió que les daria tierras y vasallos más de los que tenian, teniéndoles en mucho á los que quedaron en nuestro real; y asimismo habló muy bien á Tecapaneca, señor de Topeyanco, y á los caciques de Guaxocingo y Cholula, que estaban en el real de Sandoval.
Y como les hubo platicado lo que dicho tengo, cada uno se fué á su real.
Dejemos desto, y volvamos á nuestras grandes guerras y combates que siempre teniamos y nos daban, y porque siempre de dia y de noche no haciamos sino batallar, y á las tardes al retraer siempre herian á muchos de nuestros soldados, dejaré de contar muy por extenso lo que pasaba; y quiero decir, como en aquellos dias llovia en las tardes, que nos holgábamos que viniese el aguacero temprano, porque, como se mojaban los contrarios, no peleaban tan