Por manera que en tierra firme aguardaron como buenos guerreros, así los mejicanos que fueron en su ayuda como los pueblos de Iztapalapa, y pelearon un buen rato muy valerosamente con nosotros; mas los de á caballo rompieron por ellos, y con las ballestas y escopetas y todos nuestros amigos los tlascaltecas, que se metian en ellos como perros rabiosos, de presto dejaron el campo y se metieron en su pueblo; y esto fué sobre cosa pensada y con un ardid que entre ellos tenian acordado, que fuera harto dañoso para nosotros si de presto no saliéramos de aquel pueblo; y fué desta manera, que hicieron que huyeron, y se metieron en canoas en el agua y en las casas que estaban en el agua, y dellos en unos carrizales, y como ya era noche escura, nos dejan aposentar en tierra firme sin hacer ruido ni muestra de guerra; y con el despojo que habiamos habido é la vitoria estábamos contentos; y estando de aquella manera, puesto que teniamos velas, espías y rondas, y aun corredores del campo en tierra firme, cuando no nos catamos vino tanta agua por todo el pueblo, que si los principales que llevábamos de Tezcuco no dieran voces y nos avisaran que saliésemos presto de las casas, todos quedáramos ahogados; porque soltaron dos acequias de agua y abrieron una calzada, con que de presto se hinchó todo de agua, y los tlascaltecas nuestros amigos, como no son acostumbrados á rios caudalosos ni sabian nadar, quedaron muertos dos dellos; y nosotros, con gran riesgo de nuestras personas, todos bien mojados, y la pólvora perdida, salimos sin hato; y como estábamos de aquella manera y con mucho frio, y aun sin cenar, pasamos mala noche; y lo peor de todo era la burla y grita que nos daban los de Iztapalapa y los mejicanos desde sus casas y canoas.
Pues otra cosa peor nos avino, que como en Méjico sabian el concierto que tenian hecho de nos anegar con haber rompido la calzada y acequias, estaban esperando en tierra y en la laguna muchos batallones de guerreros, y cuando amaneció nos dan tanta guerra, que harto teniamos que nos sustentar contra ellos, no nos desbaratasen, é mataron dos soldados y un caballo, é hirieron otros muchos, así de nuestros soldados como tlascaltecas, y poco á poco aflojaron en la guerra, y nos volvimos á