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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLVI.

propósito; y es, que nuestros amigos Chichimecatecle y los dos mancebos Xicotengas, hijos de D. Lorenzo de Vargas, que se solia llamar Xicotenga el viejo y ciego, guerrearon muy valientemente contra el poder de Méjico, y nos ayudaron muy esforzada y extremadamente de bien; y asimismo un hermano del señor de Tezcuco D. Hernando, que se decia Suchel, que despues se llamó don Cárlos; este hizo cosas de muy esforzado y valiente varon; y otro capitan natural de una ciudad de la laguna, que no se me acuerda su propio nombre, tambien hacia maravillas, y otros muchos capitanes de pueblos que nos ayudaban, todos guerreaban muy poderosamente; y Cortés les habló y les dió muchas gracias y loores porque nos habian ayudado, con muchas buenas palabras y promesas de que el tiempo andando les daria tierras y vasallos y les haria grandes señores, y les despidió; y como estaban ricos de ropa de algodon y oro, y otras muchas cosas ricas de despojos, se fueron alegres á sus tierras, y aun llevaron hartas cargas de tasajos cecinados de indios mejicanos, que repartieron entre sus parientes y amigos, y como cosas de sus enemigos, la comieron por fiestas.

Agora, que estoy fuera de los recios combates y batallas de los mejicanos, que con nosotros, y nosotros con ellos teniamos de noche y de dia, por que doy muchas gracias á Dios, que dellas me libró, quiero contar una cosa muy temeraria que me acaeció, y es, que despues que vide abrir por los pechos y sacar los corazones y sacrificar á aquellos sesenta y dos soldados que dicho tengo que llevaron vivos de los de Cortés, ofrecelles los corazones á los ídolos, y esto que agora diré, les parece á algunas personas que es por falta de no tener muy grande ánimo; y si bien lo consideran, es por el demasiado ánimo con que en aquellos dias habia de poner mi persona en lo más recio de las batallas, porque en aquella sazon presumia de buen soldado y era tenido en esta reputacion, y habia de hacer lo que más osados y atrevidos soldados suelen hacer, y en aquella sazon yo hacia delante de mis capitanes; y como de cada dia via llevar á nuestros compañeros á sacrificar, y habia visto, como dicho tengo, que les aserraban por los pechos y sacalles los corazones bullendo, y cortalles piés

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