—«¡Oh, á qué tiempo hemos venido, que tiene allegado este traidor de Cortés más de setecientos mil pesos de oro, y todos seremos ricos; pues los capitanes y soldados que consigo trae, no será ménos sino que tengan mucho oro!»
Y decian por ahí otras palabras.
Y desque fué bien escuro vienen los dos nuestros soldados que estaban hechos como indios, y callando salen del rancho, y van adonde tenia el caballo, y con el freno que estaba junto con la silla le enfrenan y ensillan, y cabalgan en él.
Y viniéndose para la villa de camino, topan otro caballo manco cabe el riachuelo, y tambien se lo trujeron.
Y preguntó Cortés al Sandoval por los mismos caballos, y dijo que los dejó en el pueblo de Papalote, donde quedaban los dolientes; porque por donde él venia con sus compañeros no podian pasar caballos, porque era tierra muy fragosa y de grandes sierras, y que vino por allí por no topar con gente del Narvaez; y cuando Cortés supo que era el un caballo de Salvatierra se holgó en gran manera, é dijo:
—«Ahora braveará más cuando lo halle ménos.»
Volvamos á decir del Salvatierra, que cuando amaneció é no halló á los dos indios que le trujeron á vender las ciruelas, ni halló su caballo ni la silla y el freno, dijeron despues muchos soldados de los del mismo Narvaez que decia cosas que los hacia reir; porque luego conoció que eran españoles de los de Cortés los que les llevaron los caballos; y desde allí adelante se velaban.
Volvamos á nuestra materia: y luego Cortés con todos nuestros capitanes y soldados estuvimos platicando cómo y de qué manera dariamos en el real de Narvaez; é lo que se concertó ántes que fuésemos sobre el Narvaez diré adelante.