tuviesen tino é ojo á qué parte iba el Guatemuz, y que no le ofendiesen ni le hiciesen enojo ninguno, sino que buenamente procurasen de le prender.
Y como un Garci-Holguin, que era capitan de un bergantin, amigo de Sandoval, y era muy gran velero su bergantin, y llevaba buenos remeros, le mandó que siguiese hácia la parte que le habian dicho que iba el Guatemuz y sus principales y las grandes piraguas, y le mandó que si le alcanzase, que no le hiciese mal ninguno más de prendelle, y el Sandoval siguió por otra parte con otros bergantines que le acompañaban; é quiso Dios Nuestro Señor que el Garci-Holguin alcanzó á las canoas é grandes piraguas en que iba el Guatemuz, y en el arte dél y de los toldos é piragua, y aderezo dél y de la canoa, le conoció el Holguin y supo que era el grande señor de Méjico, y dijo por señas que aguardasen, y no querian, y él hizo como que les queria tirar con las escopetas y ballestas, y hubo el Guatemuz miedo de ver aquello, y dijo:
—«No me tiren, que yo soy el Rey de Méjico y desta tierra, y lo que te ruego es, que no me llegues á mi mujer ni á mis hijos, ni á ninguna mujer, ni á ninguna cosa de lo que aquí traigo, sino que me tomes á mí y me lleves á Malinche.»
Y como el Holguin le oyó, se gozó en gran manera y le abrazó, y le metió en el bergantin con mucho acato, á él, á su mujer y á veinte principales que con él iban, y les hizo asentar en la popa en unos petates y mantas, y les dió de lo que traia para comer; y á las canoas en que iba su hacienda no les tocó en cosa ninguna, sino que juntamente las llevó con su bergantin; y en aquella sazon el Gonzalo de Sandoval se puso á una parte para ver los bergantines, y mandó que todos se recogiesen á él, y luego supo que Garci-Holguin habia prendido al Guatemuz, y que le llevaba á Cortés; y como el Sandoval lo supo, mandó á los remeros que llevaba en su bergantin que remasen á la mayor priesa que pudiesen, y cuando alcanzó á Holguin le dijo que le diese el prisionero, y el Holguin no se lo quiso