maldades, concertando de nos dar guerra y matarnos? Que era mal hecho, é que no podia dar ninguna disculpa de sus bellaquerías y maldades, que siempre tenia encerradas en su pecho; y agora que los veia venir de aquella manera desbaratados, que nos habia de ayudar para en estando sanos volver sobre los pueblos de Méjico, sus enemigos, queria hacer aquella traicion.
Y á estas palabras que el Masse-Escaci y su padre Xicotenga el ciego lo dijeron, el Xicotenga el mozo respondió que era muy bien acordado lo que decia por tener paces con mejicanos, y dijo otras cosas que no pudieron sufrir; y luego se levantó el Masse-Escaci y el Chichimeclatecle y el viejo de su padre, ciego como estaba, y tomaron al Xicotenga el mozo por los cabezones y de las mantas, y se las rompieron, y á empujones y con palabras injuriosas que le dijeron, le echaron de las gradas abajo donde estaba, y las mantas todas rompidas; y aun si por el padre no fuera, le querian matar, y á los demás que habian sido en su consejo echaron presos; y como estábamos allí retraidos, y no era tiempo de le castigar, no osó Cortés hablar más en ello.
He traido esto aquí á la memoria para que vean de cuánta lealtad y buenos fueron los de Tlascala, y cuánto les debemos, y aun al buen viejo Xicotenga, que á su hijo dicen que le habia mandado matar luego que supo sus tramas y traicion.
Dejemos esto, y digamos cómo habia veinte y dos dias que estábamos en aquel pueblo curándonos nuestras heridas y convaleciendo, y acordó Cortés que fuésemos á la provincia de Tepeaca, que estaba cerca, porque allí habian muerto muchos de nuestros soldados y de los de Narvaez, que se venian á Méjico, y en otros pueblos que están junto de Tepeaca, que se dice Cachula; y como Cortés lo dijo á nuestros capitanes, y apercibian á los soldados de Narvaez para ir á la guerra, y como no eran tan acostumbrados á guerras y habian escapado de la rota de Méjico y puentes de lo de Obtumba, y no vian la hora de se volver á la isla de Cuba