cuando no nos catamos vimos venir contra nosotros tantos escuadrones de mejicanos, y con grandes gritas y hermosas divisas y penachos, y nos echaron delante de nosotros cinco cabezas que entónces habian cortado de los que habian tomado á Cortés, y venian corriendo sangre, y decian:
—«Ansí os mataremos, como hemos muerto á Malinche y á Sandoval y á los que consigo traian, y esas son sus cabezas; por eso conocedlas bien.»
Y diciéndonos estas palabras se venian á cerrar con nosotros hasta nos echar mano; que no aprovechaban cuchilladas ni estocadas, ni ballesteros ni escopeteros, y no hacian sino dar en nosotros como á terrero; y con todo eso, no perdiamos punto en nuestra ordenanza al retraer, porque luego mandamos á nuestros amigos los tlascaltecas que prestamente nos desembarazasen las calzadas y pasos malos; y en este tiempo ellos se lo tuvieron bien en cargo, que como vieron las cinco cabezas corriendo sangre, y decian que habian muerto á Malinche y á Sandoval y á todos los teules que consigo traian, é que ansí habian de hacer á nosotros, ya los tlascaltecas temieron en gran manera, porque creyeron que era verdad; y por esto digo que desembarazaron la calzada muy de veras.
Volvamos á decir, como nos íbamos retrayendo oimos tañer del cu mayor, donde estaban sus ídolos Huichilóbos y Tezcatepuca, que señorea el altor dél á toda la gran ciudad, tañian un atambor de muy triste sonido, en fin como instrumento de demonios, y retumbaba tanto, que se oia dos ó tres leguas, y juntamente con él muchos atabalejos; entónces, segun despues supimos, estaban ofreciendo diez corazones y mucha sangre á los ídolos que dicho tengo, de nuestros compañeros.
Dejemos el sacrificio, y volvamos al retraer que nos retraiamos, y á la gran guerra que nos daban, ansí de la calzada como de las azuteas y lagunas con las canoas; y en aquel instante vienen más escuadrones á nosotros, que de nuevo enviaba Guatemuz, y manda tocar su corneta, que era una