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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLV.

Aquí habia bien que decir en qué trabajo nos vimos los unos y los otros en ganalles aquellas fortalezas, que ya he dicho otras veces que eran muy altas; y en aquellas batallas nos tornaron á herir á todos muy malamente, y todavía les pusimos fuego á los ídolos, y levantamos nuestras banderas, y estuvimos batallando en lo llano, despues de le haber puesto fuego, hasta la noche, que no nos podiamos valer de tanto guerrero.

Dejemos de hablar en ello, y digamos que como Cortés y sus capitanes vieron en aquella sazon desde sus barrios y calles en sus partes léjos del alto cu, y las llamaradas en que el cu mayor ardia, y nuestras banderas encima, se holgó mucho, y se quisieran hallar en él; mas no podian, porque habian un cuarto de legua de la una parte á la otra, y tenian muchas puentes y aberturas de agua por ganar, y por donde andaba le daban recia guerra, y no podian entrar tan presto como quisieran en el cuerpo de la ciudad; mas dende á cuatro dias se juntó con nosotros, así Cortés como Sandoval, é podiamos ir desde un real á otro por las calles y casas derrocadas y puentes y albarradas deshechas y aberturas de agua todo ciego; y en este instante se iban retrayendo Guatemuz con todos sus guerreros en una parte de la ciudad dentro de la laguna, porque las casas y palacios en que vivia ya estaban por el suelo; y con todo esto, no dejaban cada dia de salir á nos dar guerra, y al tiempo de retraer nos iban siguiendo muy mejor que de ántes; é viendo esto Cortés, que se pasaban muchos dias, y no venian de paz ni tal pensamiento tenian, acordó con todos nuestros capitanes que les echásemos celadas.

Y fué desta manera: que de todos tres reales se juntaron hasta treinta de á caballo y cien soldados los más sueltos y guerreros que conocia Cortés, y envió á llamar de todos tres reales mil tlascaltecas, y nos metimos en unas casas grandes que habian sido de un señor de Méjico, y esto fué muy de mañana, y Cortés iba entrando con los demás de á caballo que le quedaban, y sus soldados y ballesteros y escopeteros por las calles y calzadas como solia; y ya llegaba Cortés á una abertura y puente de agua, y entónces estaban peleando con los escuadrones de mejicanos que para

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