flecha y piedra, porque era más que granizo, y no lo sé aquí decir ni habrá quien lo pueda comprender, sino los que en ello nos hallamos, que venia tanta multitud dellas como granizo, é de presto cubrian la calzada, pues ya que con tantos trabajos les ganábamos alguna puente ó albarrada y la dejábamos sin guarda, aquella misma noche la habian de tornar á ahondar, y ponian muy mejores defensas, y aun hacian hoyos encubiertos en el agua, para que otro dia cuando peleásemos, al tiempo de retraer, nos embarazásemos y cayésemos en los hoyos, y pudiesen en sus canoas desbaratarnos; porque ansimismo tenian aparejadas muchas canoas para ello, puestas en partes que no las viesen nuestros bergantines, para cuando nos tuviesen en aprieto en los hoyos, los unos por tierra y los otros por el agua dar en nosotros; y para que nuestros bergantines no nos pudiesen venir á ayudar tenian hechas muchas estacadas en el agua, encubiertas en partes que en ellas zabordasen, y desta manera peleábamos cada dia.
Ya he dicho otras veces que los caballos muy poco aprovechaban en las calzadas, porque si arremetian ó daban alcance á los escuadrones que con nosotros peleaban, luego se les arrojaban en el agua, y á unos mamparos que tenian hechos en las calzadas, donde estaban otros escuadrones de guerreros aguardando con lanzas largas de las nuestras, ó dalles que habian hecho muy más largas que son las nuestras, de las armas que tomaron cuando el gran desbarate que nos dieron en Méjico; y con aquellas lanzas y grandes rociadas de flecha y vara é piedra que tiraban de la laguna, herian y mataban los caballos ántes que se les hiciese á los contrarios daño; y demás desto, los caballeros cuyos eran no los querian aventurar, porque costaba en aquella sazon un caballo ochocientos pesos, y aun algunos costaban á más de mil, y no los habia, especialmente no pudiendo alancear por las calzadas sino muy pocos contrarios.
Dejemos esto, y digamos que cuando la noche nos despartia curábamos nuestros heridos con aceite, é un soldado que se decia Juan Catalan, que nos las santiguaba y ensalmaba, y verdaderamente digo que hallábamos