Y el Diego Velazquez respondió que eran bien dichas, y pues volvia por un traidor, que traidor debia de ser y otro tal como él, y que no era de los Velazquez buenos; y el Juan Velazquez, echando mano á su espada, dijo que mentia; que era mejor caballero que no él, y de los buenos Velazquez, mejores que no él ni su tio, y que se lo haria conocer si el señor capitan Narvaez les daba licencia; y como habia allí muchos capitanes, ansí de los de Narvaez y algunos de los de Cortés, se metieron en medio, que de hecho le iba á dar el Juan Velazquez una estocada; y aconsejaron al Narvaez que luego le mandase salir de su real, ansí á él como al padre fray Bartolomé de Olmedo é á Juan del Rio; porque á lo que sentian, no hacian provecho ninguno, y luego sin más dilacion les mandaron que se fuesen; y ellos, que no veian la hora de verse en nuestro real, lo pusieron por obra.
É dicen que el Juan Velazquez yendo á caballo en su buena yegua y su cota puesta, que siempre andaba con ella y con su capacete y gran cadena de oro, se fué á despedir del Narvaez, y estaba allí con el Narvaez, el mancebo Diego Velazquez, el de la brega, y dijo al Narvaez:
—«¿Qué manda vuestra merced para nuestro Real?»
Y respondió el Narvaez, muy enojado, que se fuese, é que valiera más que no hubiera venido; y dijo el mancebo Diego Velazquez palabras de amenaza é injuriosas á Juan Velazquez y le respondió á ellas el Juan Velazquez de Leon que es grande su atrevimiento, y digno de castigo por aquellas palabras que le dijo; y echándose mano á la barba, le dijo:
—«Para estas, que yo vea ántes de muchos dias si vuestro esfuerzo es tanto como vuestro hablar.»
Y como venian con el Juan Velazquez seis ó siete de los del real de Narvaez, que ya estaban convocados por Cortés, que le iban á despedir, dicen que trabaron dél como enojados, y le dijeron: