Y cuando aquello le oimos, todos á una le respondimos que, mediante Dios, que hombres éramos para defender nuestra hacienda y personas é la suya, y que seria gran poquedad si tal hiciésemos; y desque vió nuestra voluntad y respuesta, dijo que á la mano de Dios lo encomendaba; y luego se puso en concierto cómo habiamos de ir, el fardaje y los heridos en medio, y los de á caballo repartidos, la mitad dellos delante y la otra mitad en la retaguarda, y los ballesteros tambien con todos nuestros amigos, é allí poniamos más recaudo, porque siempre los mejicanos tenian por costumbre que daban en el fardaje; de los escopeteros no nos aprovechábamos, porque no tenian pólvora ninguna; y desta manera comenzamos á caminar.
Y cuando los escuadrones mejicanos que habia enviado Guatemuz aquel dia vieron que nos íbamos retrayendo de Suchimileco, creyeron que de miedo no los osábamos esperar, como ello fué verdad, y salen de repente tantos dellos y se vienen derechos á nosotros, é hirieron dos soldados, é dos murieron de ahí á ocho