pueblo de Panguenequita, que ansí se decia, ó que preguntase en qué parte estábamos, é que todos dos mil hombres trajesen lanzas; por manera que el soldado se los demandó, é los caciques dijeron que ellos venian con la gente de guerra; y el soldado se vino luego con obra de ducientos indios, que trajeron las lanzas, y con los demás indios de guerra quedó para venir con ellos otro soldado de los nuestros, que se decia Barrientos; y este Barrientos estaba en la estancia y minas que descubrian, ya otra vez por mí nombradas, y allí se concertó que habia de venir de la manera que está dicho á nuestro real; porque seria de andadura diez ó doce leguas de lo uno á lo otro.
Pues venido el nuestro soldado Tovilla con las lanzas, eran muy extremadas de buenas; y así, se daba órden y nos imponia el soldado é nos mostraba á jugar con ellas, y cómo nos habiamos de haber con los de á caballo, é ya teniamos hecho nuestro alarde y copia y memoria de todos los soldados y capitanes de nuestro ejército, y hallamos ducientos y seis, contados atambor é pífaro, sin el fraile, y con cinco de á caballo y dos artilleros y pocos ballesteros y ménos escopeteros; y á lo que tuvimos ojo, para pelear con Narvaez, eran las picas, y fueron muy buenas, como adelante verán; y dejemos de platicar más en el alarde y lanzas, diré cómo llegó Andrés de Duero, que envió Narvaez á nuestro real, é trujo consigo á nuestro soldado Usagre y dos indios naborías de Cuba, y lo que dijeron y concertaron Cortés y Duero, segun despues alcanzamos á saber.