lo tuvieron á gran milagro, y que se lo dijeron al Montezuma, é que les mandó que la dejasen en el mismo lugar y altar, y que no curasen de hacer otra cosa; y así, la dejaron.
Y más dijo el Pedro de Albarado, que por lo que el Narvaez les habia enviado á decir al Montezuma, que le venia á soltar de las prisiones y á prendernos, y no salió verdad; y como Cortés habia dicho al Montezuma que en teniendo navíos nos habiamos de ir á embarcar y salir de toda la tierra, é que no nos íbamos, é que todo eran palabras, é que ahora habian visto venir muchos más teules, ántes que todos los de Narvaez y los nuestros tornásemos á entrar en Méjico, que seria bien matar al Pedro de Albarado y á sus soldados, y soltar al gran Montezuma, y despues no quedar á vida ninguno de los nuestros é de los de Narvaez, cuanto más que tuvieron por cierto que nos venciera el Narvaez.
Estas pláticas y descargo dió el Pedro de Albarado á Cortés, y le tornó á decir Cortés que á qué causa les fué á dar guerra estando bailando y haciendo sus fiestas y bailes y sacrificios que hacian á sus Huichilóbos y á Tezcatepuca; y el Pedro de Albarado dijo que luego le habian de venir á dar guerra, segun el concierto tenian entre ellos hecho, y todo lo demás que lo supo de un papa y de dos principales y de otros mejicanos; y Cortés le dijo:
—«Pues hanme dicho que os demandaron licencia para hacer el areito y bailes.»
É dijo que así era verdad, é que fué por tomalles descuidados; é que porque temiesen y no viniesen á dalle guerra, que por esto se adelantó á dar en ellos; y como aquello Cortés le oyó, le dijo, muy enojado, que era muy mal hecho, y grande desatino y poca verdad; é que pluguiera á Dios que el Montezuma se hubiera soltado, é que tal cosa no la oyera á sus ídolos; y así le dejó, que no le habló más en ello.
Tambien dijo el mismo Pedro de Albarado que cuando andaba con ellos en aquella guerra, que mandó poner á un tiro que estaba cebado fuego,