Cortés una villa con ciento y treinta vecinos, y entre ellos dejó veinte y siete de á caballo y treinta y seis escopeteros y ballesteros, por manera que todos fueron los ciento y treinta; llamábase esta villa Sant-Estéban del Puerto, y está obra de una legua de Chile; y en los vecinos que en aquella villa poblaron repartió y dió por encomienda todos los pueblos que habian venido de paz, y dejó por capitan dellos y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando en aquella villa de partida para Méjico, supo por cosa muy cierta que tres pueblos que fueron cabeceras para la rebelion de aquella provincia, y fueron en la muerte de muchos españoles, andaban de nuevo, despues de haber ya dado la obediencia á su majestad y haber venido de paz, convocando y atrayendo á los demás pueblos sus comarcanos, y decian que despues que Cortés se fuese á Méjico con los de á caballo y soldados, que á los que quedaban poblados que diesen un dia ó noche en ellos y que tendrian buenas hartazgas con ellos; y sabida por Cortés la verdad muy de raíz, les mandó quemar las casas; mas luego se tornaron á poblar.
Digamos que Cortés habia mandado ántes que partiese de Méjico para ir á aquella entrada, que dende la Veracruz le enviasen un barco cargado de vino y vituallas y conservas y bizcocho y herraje, porque en aquella sazon no habia trigo en Méjico para hacer pan; é yendo que iba el barco su viaje á la derrota de Pánuco, cargado de lo que fué mandado, parece ser que hubo muy recios Nortes y dió con él en parte que se perdió, que no se salvaron sino tres personas, que aportaron en unas tablas á una isleta donde habia unos muy grandes arenales, seria tres ó cuatro leguas de tierra, donde habia muchos lobos marinos, que salian de noche á dormir á los arenales, y mataron de los lobos, y con lumbre que sacaron con unos palillos como la sacan en todas las Indias las personas que saben cómo se ha de sacar, tuvieron lugar de asar la carne de los lobos, y cavaron en mitad de la isla é hicieron unos como pozos y sacaron agua algo salobre, y tambien habia una fruta que parecian higos, y con la carne de los lobos marinos y la fruta y agua salobre se mantuvieron más de dos meses; y como aguardaban en la villa de Sant-Estéban el refresco y bastimento y