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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLXVI.

excusado; porque por otras dos partes, que todo lo miramos más de una legua de allí al rededor, estaba otra muy mala entrada y peor de ganar que adonde estábamos, por causa que era una bajada tan agra, que á manera de decir, era entrar en los abismos.

Volvamos á nuestros mamparos y mantas, que con ellas les estábamos deshaciendo sus fortalezas, y nos echaban de arriba mucha pez y resina ardiendo, y agua y sangre toda revuelta y muy caliente, y otras veces lumbre y rescoldo, y nos hacian mala obra; y luego tras esto mucha multitud de piedras y muy grandes que nos desbarataron nuestros ingenios, que nos hubimos de retirar y tornallos á adobar; y luego volvimos sobre ellos, y cuando vieron que les haciamos mayores portillos, se ponen cuatro papas y otras personas principales sobre una de sus almenas, y vienen cubiertos con sus pavesinas é otros talabardones de maderas, é dicen:

—«Pues que deseais é quereis oro, entrad dentro, que aquí tenemos mucho.»

Y nos echaron desde las almenas siete diademas de oro fino, y muchas cuentas vaciadizas é otras joyas, como caracoles y ánades, todo de oro, y tras ello mucha flecha y vara y piedra, é ya les teniamos hechas dos grandes entradas; y como era ya de noche y en aquel instante comenzó á llover dejamos el combate para otro dia, y allí dormimos aquella noche con buen recaudo; y mandó el capitan á ciertos de á caballo que estaban en tierra llana, que no se quitasen de sus puestos y tuviesen los caballos ensillados y enfrenados.

Volvamos á los chamultecas, que toda la noche estuvieron tañendo atabales y trompetillas y dando voces y gritos, y decian que otro dia nos habian de matar que así se lo habia prometido su ídolo; y cuando amaneció volvimos con nuestros ingenios y mantas á hacer mayores entradas, y los contrarios con grande ánimo defendiendo su fortaleza, y

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