majestad; y que riñésemos con Cortés, y no con él: y como en todos tres reales habia soldados que habian sido amigos y paniaguados del Diego Velazquez, gobernador de Cuba, de los que habian pasado con Narvaez, que no estaban bien con Cortés, como vieron que no les daban las partes del oro que ellos quisieran, no lo quisieron recibir lo que les daban; y como Cortés estaba en Cuyoacan y posaba en unos grandes palacios que estaban blanqueados y encaladas las paredes, donde buenamente se podia escribir con carbon y con otras tintas, amanecian cada mañana escritos motes, unos en prosa y otros en versos, algo maliciosos, á manera como masepasquines é libelos; y unos decian que el sol y la luna y el cielo y estrellas y la mar y la tierra tienen sus cursos, é que si algunas veces salen más de la inclinacion para que fueron criados más de sus medidas, que vuelven á su ser, y que ansí habia de ser la ambicion de Cortés en el mandar; y otros decian que más conquistados nos traian que la misma conquista que dimos á Méjico, y que no nos nombrásemos
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CAPÍTULO CLVII.
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