CÓMO FUIMOS GRANDES JORNADAS, ASÍ CORTÉS CON TODOS SUS CAPITANES COMO TODOS LOS DE NARVAEZ, EXCEPTO PÁNFILO DE NARVAEZ, Y SALVATIERRA, QUE QUEDABAN PRESOS.
Como llegó la nueva referida cómo Pedro de Albarado estaba cercado y Méjico rebelado, cesaron las capitanías que habian de ir á poblar á Pánuco y á Guacacualco, que habian dado á Juan Velazquez de Leon y á Diego de Ordás, que no fué enemigo dellos, que todos fuesen con nosotros; y Cortés habló á los de Narvaez, que sintió que no irian con nosotros de buena voluntad á hacer aquel socorro, y les rogó que dejasen atrás enemistades pasadas por lo de Narvaez, ofreciéndoles de hacerlos ricos y dalles cargos; y pues venian á buscar la vida, y estaban en tierra donde podrian hacer servicio á Dios y á su majestad, y enriquecer, que ahora les venia lance; y tantas palabras les dijo, que todos á una se le ofrecieron que irian con nosotros; y si supieran las fuerzas de Méjico, cierto está que no fuera ninguno.
Y luego caminamos á muy grandes jornadas hasta llegar á Tlascala, donde supimos que hasta que Montezuma y sus capitanes habian sabido cómo habiamos desbaratado á Narvaez, no dejaron de darle guerra á Pedro de Albarado, y le habian ya muerto siete soldados y le quemaron los aposentos; y cuando supieron nuestra vitoria cesaron de dalle guerra; mas dijeron que estaban muy fatigados por falta de agua y bastimento, lo cual nunca se lo habia mandado dar Montezuma; y esta nueva trujeron indios de Tlascala en aquella misma hora que hubimos llegado.
Y luego Cortés mandó hacer alarde de la gente que llevaba, y halló sobre mil y trecientos soldados, así de los nuestros como de los de Narvaez, y