CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
Página 229 de 483
Table of Contents

CAPÍTULO CXLIV.

—«Pues ¿por qué no lo trajo? Y tambien os habíades de quedar allá vos con la ropa é indios con los de arriba.»

É dijo:

—«Mirá cómo no entendieron que los envié porque se aprovechasen, y á Bernal Diaz, que me entendió, quitaron el despojo que traia destos perros, que se quedarán riendo con los que nos han muerto y herido.»

É cuando aquello oyó el Pedro de Ircio dijo que queria tornar á subir á la fuerza; y entónces le dijo que ya no habia coyuntura para ello, y que no fuese allá de ninguna manera.

Dejemos esta plática, y digamos cómo vinieron los del otro peñol, y en fin de muchas razones que pasaron sobre que les perdonasen, todos dieron la obediencia á su majestad; y como no habia agua en aquel paraje, nos fuimos luego camino de un pueblo ya nombrado en el capítulo pasado, que se dice Guaztepeque, adonde estaba la huerta que he dicho que es la mejor que habia visto en toda mi vida, y ansí lo torno á decir; que Cortés y el tesorero Alderete desque entónces la vieron y pasearon algo della, se admiraron y dijeron que mejor cosa de huerta no habian visto en Castilla.

Y digamos cómo en aquella noche nos aposentamos todos en ella; y los caciques de aquel pueblo vinieron de paz á hablar y servir á Cortés, porque Gonzalo de Sandoval los habia recebido ya de paz cuando entró en aquel pueblo, segun más largamente he escrito en el capítulo pasado que dello habla; y aquella noche reposamos allí, y á otro dia muy de mañana nos partimos para Cornabaca y hallamos unos escuadrones de guerreros mejicanos que de aquel pueblo habian salido, y los de á caballo les siguieron más de legua y media hasta encerrarlos en otro gran pueblo que se dice Tepuztlan; y estaban tan descuidados los moradores dél, que dimos en ellos ántes que sus espías que tenian sobre nosotros llegasen.

229