que les tenian puestas; por manera que mataron al un capitan, que se decia Fulano de Portillo, gentil soldado que habia sido en Italia, é hirieron á Pedro Barba, que fué otro muy buen capitan, y desde á tres dias murió de las heridas; y tomaron el bergantin.
Estos dos bergantines eran del real de Cortés, de lo cual recibió muy gran pesar; más dende á pocos dias se lo pagaron muy bien con otras celadas que echaron; lo cual diré á su tiempo.
Y dejemos agora de hablar dellos, y digamos cómo en el real de Cortés y en el de Gonzalo de Sandoval siempre tenian muy grandes combates, y muy mayores en el de Cortés, porque mandaba quemar y derrocar casas y cegar puentes, y todo lo que ganaba cada dia lo cegaba, y enviaba á mandar á Pedro de Albarado que mirase que no pasásemos puente ni abertura de la calzada sin que primero la tuviésemos ciega, é que no quedase casa que no se derrocase y se pusiese fuego; y con los adobes y madera de las casas que derrocábamos, cegábamos los pasos y aberturas de las puentes; y nuestros amigos los de Tlascala nos ayudaban en toda la guerra muy como varones.