todavía porfiaba á ir con ellos; y el Cristóbal de Olí, como era yo su amigo, me dijo que fuese y que aparejase los puños á pelear con los indios y los piés á ponerme en salvo, y era tanta la sed que tenia, que aventuraba mi vida por me hartar de agua.
Y pasando obra de media legua adelante, habia muchas estancias y caserías de los de Suchimileco en unas laderas de unas sierrezuelas; entónces los de á caballo que he dicho se apartaron para buscar agua en las casas, y la hallaron y se hartaron de ella, y uno de mis tlascaltecas me sacó de una casa un gran cántaro de agua, que así los hay grandes cántaros en aquella tierra, de que me harté yo y ellos; y entónces acordé desde allí de me volver donde estaba Cortés reposando, porque los moradores de aquellas estancias ya comenzaban á se apellidar y nos daban grita, y truje el cántaro lleno de agua con los tlascaltecas, y hallé á Cortés que ya comenzaba á caminar con todo su ejército; y como le dije que habia agua en unas estancias muy cerca de allí y que habia bebido y que traia agua en el cántaro, la cual traian los tlascaltecas muy escondida porque no me la tomasen, porque á la sed no hay ley; de la cual bebió Cortés y otros caballeros, y se holgó mucho, y todos se alegraron y se dieron priesa á caminar, y llegamos á las estancias ántes de se poner el sol, y por las casas hallaron agua, aunque no mucha, y con la sed que traian algunos soldados, comian unos como cardos, y á algunos se les dañaron las bocas y lenguas; y en este instante vinieron los de á caballo é dijeron que el pozo que estaba léjos, y que ya estaba toda la tierra apellidando guerra, é que era bien dormir allí; y luego pusieron velas y espías y corredores del campo, é yo fuí uno de los que pusieran por velas, y paréceme que llovió aquella noche un poco ó que hizo mucho viento; y otro dia muy de mañana comenzamos á caminar; é á obra de las ocho llegamos á Suchimileco.
Saber yo ahora decir la multitud de guerreros que nos estaban esperando, unos por tierra é otros en un paso de una puente que tenian quebrada, é los muchos mamparos y albarradas que tenian hecho en ellas, é las lanzas