pregonaron guerra contra nosotros á ropa franca, y con aquella intencion venian á nos prender y tomar lo que teniamos, é que siendo nosotros tan grandes servidores de su majestad, nos llamaban traidores, é que no se las queriamos dar; y Cortés todavía porfiaba á que se las diésemos, é como era capitan general, húbose de hacer lo que mandó, que yo les dí un caballo que tenia ya escondido, ensillado y enfrenado, y dos espadas y tres puñales y una adarga, y otros muchos de nuestros soldados dieron tambien otros caballos y armas; y como Alonso de Ávila era capitan y persona que osaba decir á Cortés cosas que convenian, é juntamente con él el Padre fray Bartolomé de Olmedo, hablaron aparte á Cortés, y le dijeron que parecia que queria remedar á Alejandro Macedonio, que despues que con sus soldados habia hecho alguna gran hazaña, que más procuraba de honrar y hacer mercedes á los que vencia que no á sus capitanes y soldados, que eran los que lo vencian; y esto, que lo decian porque lo han visto en aquellos dias que allí estábamos despues de preso Narvaez, que todas las joyas de oro que le presentaban los indios de aquellas comarcas y bastimentos daba á los capitanes de Narvaez, é como si no nos conociera, ansí nos obligaba; y que no era bien hecho, sino muy grande ingratitud, habiéndole puesto en el estado en que estaba.
Á esto respondió Cortés que todo cuanto tenia, ansí persona como bienes, era para nosotros, é que al presente no podia más sino con dádivas y palabras y ofrecimientos honrar á los de Narvaez; porque, como son muchos, y nosotros pocos, no se levantasen contra él y contra nosotros, y le matasen.
Á esto respondió el Alonso de Ávila, y le dijo ciertas palabras algo soberbias, de tal manera, que Cortés le dijo que quien no le quisiese seguir, que las mujeres han parido y paren en Castilla soldados; y el Alonso de Ávila dijo con palabras muy soberbias y sin acato que así era verdad, que soldados y capitanes é gobernadores, é que aquello mereciamos que dijese.