Las cartas en aquel tiempo no las entendian; más bien sabian que entre nosotros se tenia por cosa cierta que cuando se enviaban eran como mandamientos ó señales que les mandaban algunas cosas de calidad; é con ellas se fueron muy contentos, y las mostraron á sus amigos y los llamaron; y como nuestro Cortés se lo mandó, aguardaron en el campo á los mejicanos y tuvieron con ellos una batalla, y con ayuda de nuestros amigos sus vecinos, á quien dieron la carta, no les fué mal en la pelea.
Volvamos á los de Chalco: que viendo nuestro Cortés que era cosa muy importante para nosotros que aquella provincia estuviese desembarazada de gentes de Culchúa, porque, como he dicho otra vez, por allí habian de ir é venir á la villa rica de la Veracruz é á Tlascala, y habiamos de mantener nuestro real, porque es tierra de mucho maíz, luego mandó á Gonzalo de Sandoval, que era alguacil mayor, que se aparejase para otro dia de mañana ir á Chalco, y le mandó dar veinte á caballo y ducientos soldados, y doce ballesteros y diez escopeteros, y los tlascaltecas que habia en nuestro real, que eran muy pocos, porque, como dicho habemos en este capítulo, todos los más se habian ido á su tierra cargados de despojos, y tambien llevó una capitanía de los de Tezcuco, y en su compañía al capitan Luis Marin, que era su muy íntimo amigo; y quedamos en guarda de aquella ciudad y bergantines Cortés é Pedro de Albarado y Cristóbal de Olí con los demás soldados.
Y ántes que Gonzalo de Sandoval vaya para Chalco, como está acordado, quiero aquí decir cómo, estando escribiendo en esta relacion todo lo acaecido á Cortés, de Saltocan, acaso estaban presentes dos hidalgos muy