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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLXVII.

que luego dejase el cargo de entender en las cosas y pleitos de Cortés, y que no entendiese en cosa ninguna de las Indias, y declaró por gobernador desta Nueva-España á Hernando Cortés, y que si algo habia gastado Diego Velazquez, que se lo pagásemos; y aun envió á la Nueva-España bulas con muchas indulgencias para los hospitales é iglesias, y escribió una carta encomendando á Cortés y á todos nosotros los conquistadores que estábamos en su compañía que siempre tuviésemos mucha diligencia en la santa conversion de los naturales, é fuese de manera que no hubiese muertes ni robos, sino con paz y cuanto mejor se pudiese hacer, é que les vedásemos y quitásemos sacrificios y sodomías y otras torpedades; y decia en la carta que, demás del gran servicio que haciamos á Dios nuestro Señor y á su majestad, que Su Santidad, como nuestro padre y pastor, tenia cargo de rogar á Dios por nuestras ánimas, pues tanto bien por nuestra mano ha venido á toda la cristiandad; y aun nos envió otras santas bulas para nuestras absoluciones.

É viendo nuestros procuradores lo que mandaba el Santo Padre, así como Pontífice y gobernador de Castilla, enviaron luego correos muy en posta adonde su majestad estaba, que ya habia venido de Flandes y estaba en Castilla, y aun llevaron cartas de Su Santidad para nuestro Monarca; y despues de muy bien informado de lo de atrás por mí dicho, confirmó lo que el Sumo Pontífice mandó, y declaró por gobernador de la Nueva-España á Cortés, y á lo que el Diego Velazquez gastó de su hacienda en la armada, que se le pagase, y aun le mandó quitar la gobernacion de la isla de Cuba, por cuanto habia enviado el armada con Pánfilo de Narvaez sin licencia de su majestad, no embargante que la Real audiencia y los Frailes Jerónimos que residian en la isla de Santo Domingo por gobernadores, se lo habian defendido, y aun sobre se lo quitar enviaron á un oidor de la misma Real audiencia, que se decia Lúcas Vazquez de Ayllon, para que no consintiese ir la tal armada, y en lugar de le obedecer, le echaron preso y le enviaron con prisiones en un navío.

Dejemos de hablar desto, y digamos que, como el Obispo de Búrgos supo lo por mí atrás dicho, y lo que Su Santidad y su majestad mandaban, é se

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