sobre noventa y seis caballos y ochenta ballesteros y otros tantos escopeteros; con los cuales le pareció á Cortés que llevaba gente para poder entrar muy á su salvo en Méjico; y demás desto, en Tlascala nos dieron los caciques dos mil hombres, indios de guerra; y luego fuimos á grandes jornadas hasta Tezcuco, que es una gran ciudad, y no se nos hizo honra ninguna en ella ni pareció ningun señor, sino todo muy remontado y de mal arte; y llegamos á Méjico dia de señor San Juan de Junio de 1520 años, y no parecian por las calles caciques, ni capitanes, ni indios conocidos, sino todas las casas despobladas.
Y como llegamos á los aposentos que soliamos posar, el gran Montezuma salió al patio para hablar y abrazar á Cortés y dalle el bien venido, y de la vitoria con Narvaez; y Cortés, como venia vitorioso, no le quiso oir, y el Montezuma se entró en su aposento muy triste y pensativo.
Pues ya aposentados cada uno de nosotros donde soliamos estar ántes que saliésemos de Méjico para ir á lo de Narvaez, y los de Narvaez en otros aposentos, é ya habiamos visto é hablado con el Pedro de Albarado y los soldados que con él quedaron, y ellos nos daban cuenta de las guerras que los mejicanos les daban y trabajo en que les tenian puesto, y nosotros les dábamos relacion de la vitoria contra Narvaez.
Y dejaré esto, y diré cómo Cortés procuró saber qué fué la causa de se levantar Méjico, porque bien entendido teniamos que á Montezuma le pesó dello, que si le pluguiera ó fuera por su consejo, dijeron muchos soldados de los que se quedaron con Pedro de Albarado en aquellos trances, que si Montezuma fuera en ello, que á todos les mataran, y que el Montezuma los aplacaba que cesasen la guerra; y lo que contaba el Pedro de Albarado á Cortés, sobre el caso era, que por libertar los mejicanos al Montezuma, é porque su Huichilóbos se lo mandó porque pusimos en su casa la imágen de Nuestra Señora la Vírgen Santa María y la Cruz.
Y más dijo, que habian llegado muchos indios á quitar la santa imágen del altar donde la pusimos, y que no pudieron quitalla, y que los indios