que el veedor Tapia traia consigo, y otros que allí estaban de los de Lúcas Vazquez de Aillon, que habian ido con él á la Florida, y otros que habian venido de las islas en aquel tiempo; y dejando en Méjico buen recaudo, y por capitan dél á Diego de Soto, natural de Toro, salió Cortés de Méjico; y en aquella sazon no habia herraje, sino muy poco, para los muchos caballos que llevaba, porque pasaban de ciento y treinta de á caballo y ducientos y cincuenta soldados, y contados entre los ballesteros y escopeteros y de á caballo, y tambien llevó diez mil mejicanos; y en aquella sazon ya habia vuelto de Mechoacan Cristóbal de Olí, porque dejó aquella provincia de paz y trajo consigo muchos caciques y al hijo del cacique Conci, que ansí se llamaba, y era el mayor señor de todas aquellas provincias, y trajo mucho oro bajo, que lo tenian revuelto con plata y cobre; y gastó Cortés en aquella ida que fué á Pánuco mucha cantidad de pesos de oro, que despues demandaba á su majestad que le pagase aquella costa, y los oficiales de la real hacienda no se los quisieron recebir en cuenta ni le quisieron pagar cosa dello, porque respondieron que si habia hecho aquel gasto en la conquista de aquella provincia, que lo hizo por se apoderar della, porque Francisco de Garay, que venia por gobernador, no la hubiese, porque ya tenia noticia que venia de la isla de Jamáica con gran pujanza y armada.
Volvamos á nuestra relacion, y diré cómo Cortés llegó con todo su ejército á la provincia de Pánuco y los halló de guerra, y los envió á llamar de paz muchas veces, mas no quisieron venir; é tuvo con ellos en algunos dias muchos rencuentros de guerra y en dos batallas que le aguardaron le mataron tres soldados y le hirieron más de treinta, y mataron cuatro caballos y hubo muchos heridos, y murieron de los mejicanos sobre ciento, sin otros más de ducientos que quedaron heridos; porque fueron los guastecas, que ansí se llaman en aquellas provincias, sobre más de sesenta mil hombres guerreros cuando aguardaron á nuestro capitan Cortés; mas quiso nuestro Señor que fueron desbaratados, y todo el campo adonde fueron estas batallas quedó lleno de muertos y heridos de los naguatecas naturales de aquellas provincias; por manera que no se