aquel dia un mal paso, y la sierra con árboles cortados, porque bien tuvieron noticia en Méjico y en Tezcuco cómo caminábamos hácia su ciudad, y aquel dia no hallamos estorbo ninguno, y fuimos á dormir al pié de la sierra, que serian tres leguas, y aquella noche tuvimos buen frio, y con nuestras rondas y espías y velas y corredores del campo la pasamos; y cuando amaneció comenzamos á subir un puertezuelo y unos malos pasos como barrancas, y estaba cortada la sierra, por donde no podiamos pasar, y puesta mucha madera y pinos en el camino; y como llevábamos tantos amigos tlascaltecas, de presto se desembarazó, y con mucho concierto caminamos con una capitanía de escopetas y ballestas delante, y con nuestros amigos cortando y apartando árboles para poder pasar los caballos, hasta que subimos la sierra, y aun bajamos un poco abajo adonde se descubria la laguna de Méjico y sus grandes ciudades pobladas en el agua; y cuando la vimos dimos muchas gracias á Dios, que nos la tornó á dejar ver.
Entónces nos acordamos de nuestro desbarate pasado, de cuando nos echaron de Méjico, y prometimos, si Dios fuese servido de darnos mejor suceso en esta guerra, de ser otros hombres en el trato y modo de cercarla; y luego bajamos la sierra, donde vimos grandes ahumadas que hacian, así los de Tezcuco como los de los pueblos sujetos; é andando más adelante, topamos con un buen escuadron de gente, guerreros de Méjico y de Tezcuco, que nos aguardaban á un mal paso, que era un arcabuezo donde estaba una puente como quebrada, de madera, algo honda, y corria un buen golpe de agua; mas luego desbaratamos los escuadrones y pasamos muy á nuestro salvo.
Pues oir la grita que nos daban desde las estancias y barrancas, no hacian otra cosa, y era en parte que no podian correr caballos, y nuestros amigos los tlascaltecas les apañaban gallinas, y lo que podian roballes no les dejaban, puesto que Cortés les mandaban que si no diesen guerra, que no se la diesen; y los tlascaltecas decian que si estuvieran de buenos corazones y de paz, que no salieran al camino á darnos guerra, como estaban al paso de las barrancas y puente para no nos dejar pasar.