nos lo demandó Cortés y el tesorero Julian de Alderete; y ellos mismos fueron con nosotros adonde lo habiamos sacado, y llevaron consigo buenos nadadores, y sacaron obra de noventa ó cien pesos de sartalejos de cuentas y ánades y perrillos y pinjantes y collarejos y otras cosas de nonada, que ansí se puede decir, segun habia la fama en la laguna del oro que de ántes habia echado.
Dejemos de hablar desto, y digamos cómo todos los capitanes y soldados estábamos algo pensativos de ver el poco oro que parecia y las partecillas que dello nos daban; y el padre fray Bartolomé de Olmedo, de la órden de la Merced, y Alonso de Ávila, que entónces habia vuelto de la isla de Santo Domingo de cuando le enviaron por procurador, y Pedro de Albarado y otros caballeros y capitanes, dijeron á Cortés que, pues que habia poco oro, que las partes que habian de caber á todos que las diesen y repartiesen á los que quedaron mancos y cojos y ciegos y tuertos y sordos, y á otros que se habian quemado con la pólvora, y á otros que estaban dolientes de dolor de costado, que á aquellos les diese todo el oro, y que para aquellos seria bien dárselo, é que todos los demás que estábamos sanos lo habriamos por bien; y si esto le dijeron á Cortés, fué sobre cosa pensada, creyendo que nos daria más que las partes que nos venian, porque habia mucha sospecha que lo tenian escondido todo; y lo que respondió fué, que veria las partes que cabian, é que visto, en todo pondria remedio; y como todos los capitanes y soldados queriamos ver lo que nos cabia de parte, dábamos priesa para que se echase la cuenta y se declarase á qué tantos pesos saliamos; y despues que lo hubieran tanteado, dijeron que cabian los de á caballo á cien pesos, y á los ballesteros y escopeteros y rodeleros que no se me acuerda bien; y de que aquellas partes nos señalaron, ningun soldado lo quiso tomar; y entónces murmuramos de Cortés y del tesorero Alderete, y el tesorero por descargarse decia que no podia haber más, porque Cortés sacaba otro quinto del monton, como el de su majestad, para él, y se pagaba de muchas costas de los caballos que se habian muerto, y tambien dejaban de meter en el monton otras muchas piezas que habiamos de enviar á su