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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXLV.

En Tacuba está Cortés
Con su escuadron esforzado,
Triste estaba y muy penoso,
Triste y con gran cuidado,
La una mano en la mejilla,
Y la otra en el costado, etc.

Acuérdome que entónces le dijo un soldado que se decia el bachiller Alonso Perez, que despues de ganada la Nueva-España fué fiscal é vecino en Méjico:

—«Señor capitan, no esté vuestra merced tan triste; que en las guerras estas cosas suelen acaecer, y no se dirá por vuestra merced:

Mira Nero, de Tarpeya,
Á Roma cómo se ardia.»

Y Cortés le dijo que ya veia cuántas veces habia enviado á Méjico á rogalles con la paz, y que la tristeza no la tenia por sola una cosa, sino en pensar en los grandes trabajos en que nos habiamos de ver hasta tornar á señorear, y que con la ayuda de Dios presto lo porniamos por la obra.

Dejemos estas pláticas y romances, pues no estábamos en tiempo dellos, y digamos cómo se tomó parecer entre nuestros capitanes y soldados si dariamos una vista á la calzada, pues estaba tan cerca de Tacuba, donde estábamos; y como no habia pólvora ni muchas saetas, y todos los más soldados de nuestro ejército heridos, acordándosenos que otra vez, poco más habia de un mes, que Cortés les probó á entrar en la calzada con muchos soldados que llevaba, y estuvo en gran peligro; porque temió ser

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