de nuestras casas y robar nuestras haciendas; y demás desto, que no sabemos si trae provisiones de nuestro Rey y señor, salvo favores del Obispo de Búrgos, nuestro contrario; y si por ventura caemos debajo de sus manos de Narvaez (lo cual Dios no permita), todos nuestros servicios, que hemos hecho á Dios primeramente y á su majestad, tornarán en deservicios, y harán procesos contra nosotros, y dirán que hemos muerto y robado y destruido la tierra, donde ellos son los robadores y alborotadores y deservidores de nuestro Rey y señor; dirán que le han servido, y pues vemos por los ojos todo lo que he dicho, y como buenos caballeros somos obligados á volver por la honra de su majestad y por las nuestras, y por nuestras casas y haciendas; y con esta intencion salí de Méjico, teniendo confianza en Dios y de nosotros; que todo lo ponia en las manos de Dios primeramente, y despues en las nuestras; que veamos lo que nos parece.»
Entónces respondimos, y tambien juntamente con nosotros Juan Velazquez de Leon y Francisco de Lugo y otros capitanes, que tuviese por cierto que, mediante Dios, habiamos de vencer ó morir sobre ello, y que mirase no le convenciesen con partidos, porque si alguna cosa hacia fea, le dariamos de estocadas.
Entónces, como vió nuestras voluntades, se holgó mucho, y dijo que con aquella confianza venia; y allí hizo muchas ofertas y prometimientos que seriamos todos muy ricos y valerosos.
Hecho esto, tornó á decir que nos pedia por merced que callásemos, y que en las guerras y batallas es menester más prudencia y saber para bien vencer los contrarios, que no demasiada osadía; y que porque tenia conocido de nuestros grandes esfuerzos que por ganar honra cada uno de nosotros se queria adelantar de los primeros á encontrar con los enemigos, que fuésemos puestos en ordenanza y capitanías; y para que la primera cosa que hiciésemos fuese tomalles el artillería, que eran diez y ocho tiros que tenian asestados delante de sus aposentos de Narvaez,