otros muchos rencuentros; y entré con Pedro de Albarado con los primeros á poner cerco á Méjico, y les quebramos el agua de Chalputepeque, y en la primera entrada que entramos en la calzada con el mismo Pedro de Albarado; y despues desto, cuando desbarataron por la misma nuestra parte y llevaron seis soldados vivos, y á mí me llevaban, é ya se hacia cuenta que eran siete conmigo, segun me llevaban engarrafado á sacrificar; y me hallé en todas las demás batallas ya por mí memoradas, que cada dia y de noche teniamos, hasta que vi, como dicho tengo, las crueles muertes que dieron delante de mis ojos á aquellos sesenta y dos soldados nuestros compañeros; ya he dicho que agora que por mí habian pasado todas estas batallas y peligros de muerte, que no lo habia de temer como lo temia agora á la postre.
Digan agora todos aquellos caballeros que desto del militar entienden, y se han hallado en trances peligrosos de muerte, á qué fin echarán mi temor, si es á mucha flaqueza de ánimo ó á mucho esfuerzo; porque, como he dicho, sentia yo en mi pensamiento que habia de poner por mi persona, batallando en parte que por fuerza habia de temer la muerte más que otras veces, y por esto me temblaba el corazon y temia la muerte; y todas aquestas