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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXX.

—«Váyase ya y no cure de más hablar.»

Y así se despidieron, y á buen andar de sus caballos se van para nuestro real, porque luego le avisaron á Juan Velazquez que el Narvaez los queria prender y apercebia muchos de á caballo que fuesen tras ellos; é viniendo su camino, nos encontraron al rio que dicho tengo, que está ahora cabe la Veracruz; y estando que estábamos en el rio por mí ya nombrado, teniendo la siesta, porque en aquella tierra hace mucho calor y muy recia; porque, como caminábamos con todas nuestras armas á cuestas y cada uno con una pica, estábamos cansados; y en este instante vino uno de nuestros corredores del campo á dar mandado á Cortés que vian venir buen rato de allí dos ó tres personas de á caballo, y luego presumimos que serian nuestros embajadores Juan Velazquez de Leon y fray Bartolomé de Olmedo y Juan del Rio; y como llegaron adonde estábamos, ¡qué regocijos y alegrías tuvimos todos! Y Cortés, ¡cuántas caricias y buenos comedimientos hizo al Juan Velazquez y á fray Bartolomé de Olmedo! Y tenia razon, porque le fueron muy servidores; y allí contó el Juan Velazquez paso por paso todo lo atrás por mí dicho que les acaeció con Narvaez, y cómo envió secretamente á dar las cadenas y tejuelos de oro á las personas que Cortés mandó.

Pues oir de nuestro fraile, como era muy regocijado, sabíalo muy bien representar, cómo se hizo muy servidor del Narvaez, y que por hacer burla dél le aconsejó que hiciese el alarde y sacase su artillería, y con qué astucia y mañas le dió la carta; pues cuando contaba lo que le acaeció con el Salvatierra y se le hizo muy pariente, siendo el fraile de Olmedo y el Salvatierra adelante de Búrgos, y de los fieros que le decia el Salvatierra que habia de hacer y acontecer en prendiendo á Cortés y á todos nosotros, y aun se le quejó de los soldados que le hurtaron su caballo y el de otro capitan; y todos nosotros nos holgamos de lo oir, como si fuéramos á bodas y regocijo, y sabiamos que otro dia habiamos de estar en batalla; y que habiamos de vencer ó morir en ella, siendo como hermanos, ducientos y sesenta y seis soldados, y los de Narvaez cinco veces más que nosotros.

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