bravosamente y nos dejaban retraer en salvo, y desta manera teniamos descanso.
Y porque ya estoy harto de escribir batallas, y más cansado y herido estaba de me hallar en ellas, y á los letores les parecerá prolijidad recitallas tantas veces, ya he dicho que no puede ser ménos, porque en noventa y tres dias siempre batallábamos á la continua; mas desde aquí adelante, si lo pudiese escusar, no lo traeria tanto á la memoria en esta relacion.
Volvamos á nuestro cuento: y como en todos tres reales les íbamos entrando en su ciudad, Cortés por la suya, y Sandoval tambien por su parte, y Pedro de Albarado por la nuestra, llegamos adonde tenian la fuente, que ya he dicho otra vez que bebian agua salobre; la cual quebramos y deshicimos porque no se aprovechasen della, y estaban guardándola algunos mejicanos, y tuvimos buena refriega de vara y piedra y flecha, y muchas lanzas largas con que aguardaban á los de á caballo, porque por todas partes de las calles que les habiamos ganado andaban ya, porque ya estaba llano y sin agua y podian correr muy gentilmente.