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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLXI.

se derramaron por otras partes; y cuando Cortés lo supo, envió á hacer pesquisa sobre ello, y hallóse que por los alcaldes y regidores en el cabildo se concertó que se despoblasen, y sentenciaron á los que fueron en ello á pena de muerte; mas el fray Bartolomé pidió á Cortés que no los ahorcase, y eso con mucho ahinco; y así, fué despues la pena un destierro; y desta manera sucedió en lo de Tutepeque, que jamás nunca se pobló, y aunque era tierra rica, por ser doliente; y como los naturales de aquella tierra vieron esto, que se habia despoblado, é la crueldad que Pedro de Albarado habia hecho sin causa ni justicia ninguna, se tornó á rebelar, y volvió á ellos el Pedro de Albarado y los llamó de paz, y sin dalle guerra volvieron á estar de paz.

Dejemos esto, é digamos que, como Cortés tenia ya llegados sobre ochenta mil pesos de oro para enviar á su majestad, y el tiro Fénix forjado, vino en aquella sazon nueva cómo habia venido á Pánuco Francisco de Garay con grande armada; y lo que sobre ello se hizo diré adelante.

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