Chiapa cómo los naturales de aquellos pueblezuelos se les habian levantado y hecho fuertes y eran de nuestra parte, y habian prendido algunos dellos, y los demás se habian hecho fuertes en su gran cu, y á esta causa habia revueltas y guerra entre los chiapanecas y los pueblezuelos que dicho tengo; y luego nos fueron á mostrar el vado, y entónces nos daban mucha priesa aquellos amigos que pasásemos presto el rio, con temor no sacrificasen á sus compañeros que habian prendido aquella noche; pues de que llegamos al vado que nos mostraron, iba muy hondo; y puestos todos en gran concierto, así los ballesteros como escopeteros y los de á caballo, y los indios de los pueblezuelos nuestros amigos con sus canoas, y aunque nos daba el agua cerca de los pechos, todos hechos un tropel, para soportar el ímpetu y fuerza del agua, quiso Dios que pasamos cerca de la otra parte de tierra; y ántes de acabar de pasar, vienen contra nosotros muchos guerreros y nos dan una buena rociada de vara con tiraderas, y flechas y piedra y otras grandes lanzas, que nos hirieron casi que á todos los más, y á algunos á dos y á tres heridas, y mataron dos caballos; y un soldado de á caballo, que se decia Fulano Guerrero ó Guerra, se ahogó al pasar del rio, que se metió con el caballo en un recio raudal, y era natural de Toledo, y el caballo salió á tierra sin el amo.
Volvamos á nuestra pelea, que nos detuvieron un buen rato al pasar del rio, que no les podiamos hacer retraer ni nosotros podiamos llegar á tierra, y en aquel instante los de los pueblezuelos que se habian hecho fuertes contra los chiapanecas, nos vinieron á ayudar en las espaldas, é á los que estaban al rio batallando con nosotros hirieron y mataron muchos dellos, porque les tenian grande enemistad, como los habian tenido presos muchos años; y como aquello vimos, salimos á tierra los de á caballo, y luego ballesteros, escopeteros y de espada y rodela, y los amigos mejicanos, y dámosles una tan buena mano, que se van huyendo, que no paró indio con indio; y luego sin más tardar, puestos en buen concierto, con nuestras banderas tendidas, y muchos indios de los dos pueblezuelos con nosotros, entramos en su ciudad; y como llegamos á lo más poblado, donde estaban sus grandes cues y adoratorios, tenian las