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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXXXVI.

robado, y con ello envió á Castilla á los negocios de su persona y á comprar caballos, y á la isla de Santo Domingo á la audiencia Real; porque en aquel tiempo todos se callaban con las barras de oro que tenian, aunque más pregones habian dado.

Dejemos esto, y digamos como ya estaban de paz todos los pueblos comarcanos de Tepeaca, acordó Cortés que quedase en la villa de Segura de la Frontera por capitan un Francisco de Orozco con obra de veinte soldados que estaban heridos y dolientes; y con todos los más de nuestro ejército fuimos á Tlascala, y se dió órden que se cortase madera para hacer trece bergantines para ir otra vez sobre Méjico; porque hallábamos por muy cierto que para la laguna sin bergantines no la podiamos señorear ni podiamos dar guerra, ni entrar otra vez por las calzadas en aquella gran ciudad sino con gran riesgo de nuestras vidas; y el que fué maestro de cortar la madera y dar el galibo y cuenta y razon cómo habian de ser veleros y ligeros para aquel efeto, y los hizo, fué un Martin Lopez, que ciertamente, demás de ser un buen soldado, en todas las guerras sirvió muy bien á su majestad.

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