indias; parece ser se juntaron todos, é acordaron de venir de paz ante Cortés, y con mucha humildad le demandaron perdon si en algo nos habian enojado, y dijeron que eran mandados, que no podian hacer otra cosa; y Cortés holgó mucho de los ver venir de paz de aquella manera, y aun cuando lo supimos en nuestro real de Pedro de Albarado y en el de Gonzalo de Sandoval, nos alegramos todos los soldados.
Y volviendo á nuestra plática: Cortés con buen semblante y con muchos halagos les perdonó, y les dijo que eran dignos de gran castigo por haber ayudado á los mejicanos; y los pueblos que vinieron fueron Iztapalapa, Huichilobusco é Cuyoacan é Mezquique, y todos los de la laguna y agua dulce; y les dijo Cortés que no habiamos de alzar real hasta que los mejicanos viniesen de paz, ó por guerra los acabase; y les mandó que en todo nos ayudasen con todas las canoas que tuviesen para combatir á Méjico, é que viniesen á hacer sus ranchos é trajesen comida, lo cual dijeron que ansí lo harian; é hicieron los ranchos de Cortés, y no traian comida, sino muy poca y de mala gana.