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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXLIV.

concavidades que se hacian en el peñol de trecho á trecho, á ventura de si me encontraban algunos peñascos entre tanto que subia de socarreña á socarreña, que fué muy gran ventura; estaba el alférez Cristóbal del Corral mamparándose detrás de unos árboles gruesos que tenian muchas espinas, que nacen en aquellas concavidades, y estaba descalabrado y el rostro todo lleno de sangre é la bandera rota, y me dijo:

—«Oh señor Bernal Diaz del Castillo, que no es cosa el pasar más adelante, y mirá no os cojan algunas lanchas ó galgas; estése al reparo de esa concavidad;» porque ya no nos podiamos tener aun con las manos, cuanto más podelles subir.

En este tiempo vi que de la misma manera que Corral é yo habiamos subido de socarreña en socarreña venia Pedro Barba, que era capitan de ballesteros, con otros dos soldados; é yo le dije desde arriba:

—«Oh señor capitan, no suba más adelante, que no se podrá tener con piés y manos, no vuelva rodando.»

Y cuando se lo dije, me respondió como muy esforzado, ó por dar aquella respuesta como gran señor, dijo que eso habia de decir, sino ir adelante; é yo recibí de aquella palabra remordimiento de mi persona, y le respondí:

—«Pues veamos cómo sube donde yo estoy.»

Y todavía pasé bien arriba; y en aquel instante vienen tantas piedras muy grandes que echaron de lo alto, que tenian represadas para aquel efeto, que hirieron á Pedro Barba y le mataron un soldado, y no pasaron más un paso de allí donde estaban; y entónces el alférez Corral dió voces para que dijesen á Cortés de mano en mano que no se podia subir más arriba, é que el retraer tambien era muy peligroso; y como Cortés lo entendió, porque allá bajo donde estaba en tierra llana le habian muerto tres soldados y herido siete del gran ímpetu de las galgas que iban despeñándose, y aun tuvo por cierto Cortés que todos los más de los que

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