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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CXLV.

grandes de madera, vino en aquel instante una gran flota de canoas de guerreros de Méjico y dan sobre ellos é hirieron muchos soldados, y apañan á cuatro soldados vivos é los llevaron á Méjico, é los demás se escaparon de buena; y llamábanse los que llevaron Juan de Lara, y el otro Alonso Hernandez, y de los demás no me acuerdo sus nombres, mas sé que eran de la capitanía de Andrés de Monjaraz.

Pues como le llevaron á Guatemuz estos cuatro soldados, alcanzó á saber cómo éramos muy pocos los que veniamos con Cortés y que muchos estaban heridos, y tanto como quiso saber de nuestro viaje, tanto supo; y como fué bien informado, manda cortar piés y brazos á los tristes nuestros compañeros, y los envia por muchos pueblos nuestros amigos de los que nos habian venido de paz, y les envia á decir que ántes que volvamos á Tezcuco piensa no quedará ninguno de nosotros á vida; y con los corazones y sangre hizo sacrificio á sus ídolos.

Dejemos esto, y digamos cómo luego tornó á enviar muchas flotas de canoas llenas de guerreros, y otras capitanías por tierra, y les mandó que procurasen que no saliésemos de Suchimileco con las vidas.

Y porque ya estoy harto de escribir de los muchos reencuentros y batallas que en estos cuatro dias tuvimos con mejicanos, é no puedo dejar otra vez de hablar en ellas, digo que cuando amaneció vinieron desta vez tantos culchúas mejicanos por los esteros, y otros por las calzadas y tierra firme, que tuvimos harto que romper en ellos; y luego nos salimos de aquella ciudad á una gran plaza que estaba algo apartada del pueblo, donde solian hacer sus mercados; y allí, puestos con todo nuestro fardaje para caminar, Cortés comenzó á hacer un parlamento acerca del peligro en que estábamos, porque sabiamos cierto que en los caminos é pasos malos nos estaban aguardando todo el poder de Méjico y otros muchos guerreros puestos en esteros y acequias; é nos dijo que seria bien, é así nos lo mandaba de hecho, que fuésemos desembarazados y dejásemos el fardaje é hato, porque no nos estorbase para el tiempo de pelear.

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