bastimentos é agua; é parece ser que el un bergantin prendió á dos principales que venian en una de las muchas canoas que venian con bastimento, y dellos supo Cortés que tenian en celada entre unos matorrales cuarenta piraguas y otras tantas canoas para tomar á alguno de nuestros bergantines, como hicieron la otra vez; y aquellos dos principales que se prendieron, Cortés les halagó y dió mantas, y con muchos prometimientos que en ganando á Méjico les daria tierras, y con nuestras lenguas doña Marina y Aguilar les preguntó que á qué parte estaban las piraguas, porque no se pusieron donde la otra vez; y ellos señalaron en el puesto y paraje que estaban, y aun avisaron que habian hincado muchas estacas de maderos gruesos en partes, para que si los bergantines fuesen huyendo de sus piraguas, zabordasen, y allí los apañasen y matasen á los que iban en ellos.
Y como Cortés tuvo aquel aviso, apercibió seis bergantines que aquella noche se fuesen á meter á unos carrizales apartados obra de un cuarto de legua, donde estaban las piraguas, y que se cubriesen con mucha rama; y fueron á remo callado, y estuvieron toda la noche aguardando, y otro dia de mañana mandó Cortés que fuese un bergantin como que iba á dar caza á las canoas que entraban con bastimentos, y mandó que fuesen los dos indios principales que se prendieron dentro del bergantin, porque mostrasen en qué parte estaban las piraguas, porque el bergantin fuese hácia allá; y ansimismo los mejicanos nuestros contrarios concertaron de echar dos canoas echadizas, como la otra vez, adonde estaba su celada, como que traian bastimento, para que se cebase el bergantin en ir tras ellas; por manera que ellos tenian un pensamiento y nosotros otro como el suyo de la misma manera; y como el bergantin que echó Cortés vió á las canoas que echaron los indios para cebarle, iba tras ellas, y las dos canoas hacian que se iban huyendo á tierra donde estaba su celada de sus piraguas, y luego nuestro bergantin hizo semblante que no osaba llegar á tierra, y que se volvia retrayendo; y cuando las piraguas y otras muchas canoas le vieron que se volvia, salen tras él con gran furia y remar todo lo que podian, y le iban siguiendo; y el bergantin se iba como huyendo