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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IIPublic
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CAPÍTULO CLVI.

de salir, y tan flacos y sucios é amarillos é hediondos, que era lástima de los ver; y despues que la hubieron desembarazado, envió Cortés á ver la ciudad, y estaban, como dicho tengo, todas las casas llenas de indios muertos, y aun algunos pobres mejicanos entre ellos, que no podian salir, y lo que purgaban de sus cuerpos era una suciedad como echan los puercos muy flacos que no comen sino yerba; y hallóse toda la ciudad arada, y sacadas las raices de las yerbas que habian comido cocidas: hasta las cortezas de los árboles tambien las habian comido.

De manera que agua dulce no les hallamos ninguna, sino salada.

Tambien quiero decir que no comian las carnes de sus mejicanos, sino eran de los enemigos tlascaltecas y las nuestras que apañaban; y no se ha hallado generacion en el mundo que tanto sufriese la hambre y sed y contínuas guerras como esta.

Dejemos de hablar en esto, y pasemos adelante: que mandó Cortés que todos los bergantines se juntasen en unas atarazanas que despues se hicieron.

Volvamos á nuestras pláticas: que despues que se ganó esta grande y populosa ciudad, y tan nombrada en el universo, despues de haber dado muchas gracias á Nuestro

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